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  • Foto del escritorLucía Quiroga

¡Feliz 2024!

Hago balance de este 2023, no, como hacía de más pequeña, desde mi querido Seixo Branco (Mera, La Coruña) y cuando toda mi familia me decía que era demasiado “excéntrica” (pero es que era mi lugar de auténtico reposo y reflexión, donde el mar se encargaba de batir contra esas piedras con toda su fuerza y asemejarse a lo que yo llamaba “lavadoras”…). Hoy, ya más madura, lo hago desde donde vivo y, por tanto, desde mi actual hogar, desde Málaga, al igual que lo haría desde cualquier otro lugar del Planeta Tierra; me gusta sentirme igual de bien viva donde viva, sin más “morriña” que la lógica que solemos tener las gallegas…


Y sí, han sido muchos los aprendizajes de este año, muchos conocimientos adquiridos. Siempre aprendiendo, apuntada a esas actividades de formación que, a pesar de creer que ya vengo de vuelta, me siguen aportando nuevas ideas. Y también, intentando transmitir conocimientos, esos que creo que puedo aportar, dando cursos, talleres, conferencias, en formato presencial u online, o, también, que es lo que más me puede encantar, aportando a esas personas que me contactan por redes y que me dicen que necesitan un “empujoncito”, esa ayuda que me piden, en forma de una especie de mentoría o, simplemente acompañándolas en esos momentos difíciles que están pasando.Un año más, hago repaso a la agenda y, a veces, me entra un poco de vértigo porque son muchas las actividades que han ocupado mi tiempo y que sé que necesitan siempre de un repaso para no perder el equilibrio…


Pero me quedo, como no puede ser de otra manera, con las personas, con todas esas personas que me han acompañado, a las que he acompañado, en la distancia, en la presencia, o simplemente con una llamada telefónica, de esas que ya hacemos cada vez menos. Me quedo con mis equipos, con las personas de esos equipos donde los proyectos son la gasolina que nos alimenta, pero lo que realmente nos mantiene es nuestra relación auténtica, serena, confiada y generosa.Y me quedo con las personas amigas, además de las de esos equipos, con esas otras que, aunque no estemos ahora trabajando juntas, sé que están ahí, que, aunque no digan, no digamos nada, seguimos ahí como si no hubiéramos dejado nunca de estar en contacto.


Y, por supuesto, y lo más importante, me quedo con mi familia de sangre (porque a las personas que he citado antes, también las considero de mi familia): con mi pareja, mi querido amor que, aunque ahora hace un año que se quedó cojo, sigue manteniendo ese espíritu invencible para seguir adelante con todo el entusiasmo, a pesar de que yo misma, muchas veces, demasiadas, le exijo demasiado. Me quedo con mi hijo, con el que, poco a poco, voy retomando una de las relaciones más bonitas del mundo, que tanta pena me había dado perder y que ahora, me regala un nieto, a pesar de no haber estado de acuerdo durante más de una ño. Y me quedo con mi hija, que anda buscando su por qué en la vida y a la que, por fin, he podido entender que hay que dejar volar…Gracias 2023 por tanta enseñanza, aunque haya sido, a veces, dura, pero gracias, porque esto me lo llevo puesto para que 2024 sea más fructífero, más feliz, más amable y más pendiente de las personas que somos las que, en realidad, merecemos la pena, ¿o no?¡Vamos a por el 2024!

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