• Lucía Quiroga

Aplicando tu talento natural a tu vida y a tu organización: ¿te atreves a descubrirlo?

Reflexiono sobre lo fácil que sería ser más feliz, estar más realizada como persona desde que te levantas hasta que te acuestas, si consiguiéramos amar lo que hacemos, hacer lo que deseamos, conjugar nuestros más profundos sueños y deseos con la realidad de nuestras vidas y vivir siempre de acuerdo con nuestras convicciones…


Así es que, tras leer el libro de Ken Robinson y Lou Aronica: “El elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo”, comparto algunas reflexiones que pueden ayudar a conseguir el principal objetivo del ser humano: ser feliz.


Hay demasiada gente que nunca conecta con sus verdaderos talentos naturales y, por tanto, no es consciente de lo que en realidad es capaz de hacer. El “Elemento” es ese lugar donde convergen las cosas que nos gusta hacer y las cosas que se nos dan especialmente bien. Por eso nuestro “elemento” depende de que descubramos cuáles son nuestras habilidades y pasiones personales, pero, ¿por qué la mayoría de las personas no lo han hecho?

La primera limitación es que muchas personas no conocen sus propias capacidades. La segunda es que no comprenden que todas esas capacidades se relacionan entre sí de manera integral, no han entendido su carácter orgánico. Y la tercera, porque no comprenden su permanente potencial para renovarse.

Como no podemos saber cómo será el futuro, el único modo de prepararse para él es sacar el máximo provecho de nosotros/as mismos/as, con la convicción de que, al hacerlo, seremos todo lo flexibles y productivos que podamos llegar a ser.

Características y condiciones del Elemento

El Elemento tiene dos características principales: capacidad y vocación. Y hay dos condiciones para estar en él: actitud y oportunidad. La secuencia es así: lo entiendo, me encanta, lo quiero, ¿dónde está?


La capacidad es la facilidad natural para hacer una cosa, pero estar en tu elemento se necesita algo más que esa capacidad; es imprescindible la pasión.

La actitud es la perspectiva personal que tenemos de nosotros/as mismos/as y de nuestras circunstancias; es el unto de vista emocional. Las personas que han triunfado comparten actitudes parecidas, como la perseverancia, la confianza en sí mismos, el optimismo, la ambición y el sentimiento de frustración. La forma de percibir nuestras circunstancias, así como la de crear y aceptar oportunidades, depende en gran medida de lo que esperamos de nosotros/as mismos/as.


Por otra parte, las aptitudes no llegan a hacerse visibles si no tenemos la oportunidad de utilizarlas. Descubrir nuestro elemento depende mucho de las oportunidades que tenemos, de las que creamos, de si las aprovechamos y de cómo lo hacemos.

Uno de los principios clave del Elemento es que tenemos que cuestionar aquello que damos por sentado de nuestras habilidades y de las habilidades de otras personas. Por ejemplo, algo que se da por sentado es el número de sentidos que tenemos. La mayoría de la gente dirá que son cinco: gusto, tacto, olfato, vista y oído. Algunos dirán que un sexto: la intuición. Los psicólogos están de acuerdo con que, además de esos cinco sentido, conocemos cuatro más: el sentido de la temperatura (termocepción), el sentido del dolor (nocicepcion), el sentido vestibular (equilibriocepción) – que incluye nuestro sentido del equilibrio y la aceleración – y el sentido kinestésico (propriocepción), que nos proporciona información acerca de dónde están nuestras extremidades y el resto de nuestro cuerpo en el espacio y en relación con los demás.

La inteligencia

Otra de las cuestiones importantes es la idea que tenemos de la inteligencia. Creíamos que las formas racionalistas de pensamiento eran superiores a los sentimientos y a la emoción, y que las ideas que, en realidad, cuentan son las que pueden comunicarse con palabras o mediante expresiones matemáticas. Creímos que podíamos cuantificar la inteligencia y confiar en los tests de coeficiente intelectual o en pruebas estandarizadas para ver quién es realmente inteligente y digno de un trato adecuado. Hemos aceptado que la inteligencia viene acompañada de un número y así creemos saber la respuesta a la pregunta “¿cómo eres de inteligente?”. Sin embargo, la verdadera respuesta es que la pregunta está mal planteada. La pregunta correcta es “¿de qué modo eres inteligente?”, ya que hay diferentes maneras de expresar la inteligencia y ninguna escala puede medirlas.

La inteligencia humana tiene tres rasgos principales:

1º) Es extraordinariamente heterogénea.

2ª ) Es muy dinámica.

3º) Es totalmente peculiar, pues, independientemente del número de inteligencias que haya, cada una de las personas las utiliza de manera diferente.

La creatividad

Además, la inteligencia va de la mano de la creatividad. No se puede ser creativo y no actuar inteligentemente. Del mismo modo, la forma más elevada de inteligencia consiste en pensar de manera creativa. No olvidemos que la imaginación es lo que distingue a los seres humanos de cualquier otra especie del planeta. Mediante la imaginación podemos darnos una vuelta por el pasado, contemplar el presente y prever el futuro. También podemos hacer algo de una trascendencia única y profunda: podemos crear. La dinámica de la inteligencia humana es la base de la descomunal creatividad de la mente. Y nuestra capacidad creativa nos permite reconsiderar nuestra vida y nuestras circunstancias y, así, encontrar nuestro camino para llegar al Elemento.

Una de las definiciones de “creatividad” es el proceso de tener ideas originales que tengan valor”. La imaginación puede ser interior; es decir, una persona puede ser imaginativa todo el día sin que nadie se dé cuenta. Para ser una persona creativa tienes que hacer algo. Se podría decir que la creatividad es la imaginación aplicada.

En relación con el trabajo, las personas que utilizan la creatividad en el mismo tienen un rasgo en común: aman el medio en el que trabajan. Las personas que aman lo que hacen no piensan en ello como si fuera un trabajo en el sentido habitual de la palabra. Lo hacen porque quieren y porque al hacerlo están en su elemento.

Ser una persona creativa consiste en hacer nuevas conexiones, de modo que podamos ver las cosas desde nuevos puntos de vista y desde diferentes perspectivas. El pensamiento creativo depende en gran medida de lo que se llama pensamiento divergente o lateral, en especial al pensar en metáforas o ver analogías. No es que la creatividad sea lo opuesto al pensamiento lógico, sino que las reglas de la lógica permiten crear e improvisar enormemente.

Por otra parte, la naturaleza dinámica del pensamiento creativo es aun más patente si se observa en un equipo. Es posible que muchas veces los equipos triunfen porque las personas que lo componen son muy diferentes. Tienen talentos diversos, intereses dispares y sonidos distintos, pero encuentran la forma de trabajar juntas para crear algo que nunca se les hubiera ocurrido individualmente.

El poder de la creatividad. “El mayor descubrimiento de mi generación es que los seres humanos pueden alterar su vida modificando su disposición de ánimo… i cambias tu forma de pensar, puedes cambiar tu vida”

(William James, siglo IX)

La energía natural

Cuando una persona está conectada con sus más profundos intereses y su energía natural, el tiempo pasa más rápido, con mayor fluidez. “Fluir” es lo que sucede cuando la energía psíquica – o atencón-, se centra en objetivos realistas y las habilidades se corresponden con las oportunidades para la acción. La búsqueda de un objetivo trae al orden al conocimiento porque exige concentrar toda la atención en la tarea inmediata y olvidar momentáneamente todo lo demás.

Las actividades que nos gustan nos llenan de energía, incluso cuando estamos agotados/as físicamente. No es una simple cuestión de energía física que se tiene o no se tiene, sino de nuestra energía mental o psíquica. No es una sustancia fija, sino que sube y baja según la pasión y el compromiso que pongamos en lo que estamos haciendo en ese momento. Además, al conectar con nuestra energía, nos abrimos más a las energías de otras personas.

Encontrar tu “tribu”

Los miembros de una tribu pueden ser colaboradores o competidores. Pueden compartir los mismos puntos de vista o tenerlos completamente diferentes. Lo que cnecta a una tribu es un compromiso común con aquello para lo que sienten que han nacido. Esto puede ser extraordinariamente liberador, sobre todo si una persona se ha dedicado a su pasión en solitario.

Encontrar a tu tribu puede tener efectos transformadores en tu sentido de la identidad y en tus objetivos. Esto se debe a tres poderosas dinámicas tribales: ratificación, inspiración y “alquimia de la sinergia”. Ratificación al conectar con personas que comparten las mismas pasiones que tú, demostrándote que no estás solo/a. Inspiración porque los miembros de una tribu entusiasta tienden a animarse unos a otros para explorar la verdadera magnitud de sus habilidades.

Finalmente, la combinación de las energías creativas y de la necesidad de funcionar al más alto nivel para mantenerse al mismo ritmo que sus iguales, lleva a establecer un compromiso por la excelencia que de otro modo sería inalcanzable. Es la “alquimia de la sinergia”.

Los equipos creativos y la inteligencia


¿Por qué los miembros de un equipo creativo logran más cosas juntos que por separado? Se debe a tres características clave de la inteligencia:

1º) Los equipos creativos son heterogéneos: están compuestos por personas con habilidades diferentes, pero complementarias entre sí.

2º) Los equipos creativos son dinámicos: encuentran la forma de utilizar sus diferencias y energías, no sus puntos débiles. Tienen un proceso mediante el cual sus fuerzas se complementan, a la vez que compensan las debilidades de cada uno/a. Son capaces de desafiarse entre sí como iguales y tomar las críticas como un incentivo para avivar el juego.

3º) Los equipos creativos están bien definidos: solo se reúnen para hacer algo específico; solo están juntos durante el tiempo que quieren o deben para terminar el trabajo.


Barreras para encontrar el Elemento

Las barreras para encontrar el Elemento son como tres “círculos de restricción” concéntricos. Estos círculos son personales, sociales y culturales.

En el círculo personal, encontramos que la actitud tiene una importancia fundamental a la hora de encontrar el Elemento. La fuerte determinación de llegar a ser uno mismo tiene un poder indomable. La mayoría de la gente tiene que afrontar sus propios miedos y la poca confianza en sí misma. Los temores incluyen el miedo al fracaso, el miedo a no ser lo suficientemente bueno/a, el temor a la desaprobación y a lo desconocido. Y para ganarles la batalla, la actitud es fundamental.

En la parte social, nos encontramos con que muchas personas no encuentran el Elemento porque no tienen la confianza suficiente o el estímulo necesario para salir de su círculo de relaciones. Por regla general, cuando las personas cercanas a ti intentan disuadirte de que tomes determinado camino, creen que lo hacen por tu propio bien. Pero, “hacer algo por tu propio bien” pocas veces será tu propio bien si consigue que seas menos de lo que realidad eres o quieres ser.

Finalmente, las barreras culturales están presentes en nuestra búsqueda del Elemento porque la cultura es un sistema de permisos. Trata de las actitudes y los comportamientos que son aceptables e inaceptables en las diferentes comunidades, aquellos que son aprobados y aquellos que no lo son. Y si no entiendes los códigos culturales, puedes parecer abominable. La cultura no solo influye en lo que pensamos acerca de lo que vemos, sino en lo que en realidad vemos del mundo. La cultura nos condiciona de forma impercetible y estas limitaciones pueden impedir que alcancemos el Elemento porque nuestras pasiones parezcan incongruentes con la cultura. Por tanto, a veces encontrar el Elemento requiere romper con nuestra cultura originaria para alcanzar

nuestras metas. La pregunta siempre será: “¿qué precio estás dispuesto a a pagar?” las recompensas del elemento son considerables, pero puede que para recoger los frutos tengas que hacer frente a una severa oposición.


La buena suerte

Ser bueno en algo y que te apasiones es imprescindible para encontrar el Elemento, pero también es una cuestión de actitud. Lo que determina nuestra vida no es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que sucede. Es nuestra actitud en cuanto a lo que pasa. Por eso, estar en tu Elemento es mucho más que una cuestión de buena suerte. A menudo, la gente afortunada provoca su suerte con su actitud.

Richard Wiseman dice que hay cuatro principios que caracterizan a las personas afortunadas:

1.- Tienden a maximizar las portunidades.

2.- Son muy efectivas a la hora de prestar atención a su intuición y de realizar trabajos (como la meditación) para estimular sus habilidades intuitivas.

3.- Las personas con suerte esperan serlo, creando así una especie de profecías de autorrealización, previendo un resultado positivo.

4.- No consienten que la mala suerte les doblegue y se mueven con rapidez para tomar el control de la situación cuando la cosa no les va bien.

Para abrirnos a la “buena suerte”, a nuevas oportunidades, tenemos que hacer esfuerzos deliberados por mirar de un modo distinto las situaciones ordinarias. Además, podemos reelaborar: mirar una situación que va mal según lo planeado y convertirla en algo beneficioso. Pero si hay una actitud importante para sembrar la buena suerte, esa es la perseverancia.

¿Demasiado tarde?

Una de las razones que nos llevan a pensar que es demasiado tarde para ser quienes realmente somos capaces de ser, es la creencia de que la vida es lineal. Y no es así. La vida es dinámica y cíclica. Capacidades diferentes se expresan con más o menos fuerza en distintas épocas de nuestra vida. Debido a esto, disfrutamos de múltiples oportunidades para crecer y desarrollarnos de nuevo, así como para revitalizar capacidades latentes. Todo se reduce a nuestra capacidad de continuar desarrollando nuestra creatividad y nuestra inteligencia a medida que entramos en nuevas etapas de la vida. Nuestro cerebro está hasta cierto punto programado por la genética, pero nuestras experiencias afectan profundamente a nuestra evolución como individuos y al desarrollo de nuestro cerebro.

Una de las consecuencias del hecho de que consideremos que nuestra vida es lineal y unidireccional es que conduce a una cultura en la que se segrega a la gente en función de la edad.

Y sin embargo la edad no importa y pueden pasar cosas extraordinarias que mejoren nuestra vida cuando dedicamos tiempo a salir de nuestra rutina, a reconsiderar nuestra trayectoria y a recuperar las pasiones que dejamos atrás, o que nunca llegamos a perseguir, por una cosa o por otra. En cualquier periodo de nuestra vida podemos tomar nuevas direcciones. Tenemos la capacidad de descubrir nuestro Elemento prácticamente a cualquier edad.

Buscar el Elemento en cualquier parte

Encontrar el Elemento es imprescindible para alcanzar una vida equilibrada y satisfactoria, así es que si no lo encuentras en tu trabajo, es aún más importante que lo descubras en otra parte. Hacer lo que te encanta y se te da bien, aunque sea durante un par de horas a la semana, puede ayudarte a que todo lo demás sea más llevadero.

“Si quieres cambiar el mundo, ¿por quién empiezas?, ¿por ti o por los demás? Creo que si empezamos por nosotros mismos y hacemos las cosas que necesitamos hacer y llegaos a ser la mejro persona que podamos llegar a ser, tenemos más oportunidades de cambiar el mundo para bien”.

(Aleksandr Solzhenitsyn, novelista ruso)


La educación

La educación tendría que ser uno de los procesos principales que nos llevara hasta el Elemento. Sin embargo, con demasiada frecuencia, ocurre lo contrario.

La educación no necesita que la reformen: necesita que la transformen. La clave para esta transformación no es estandarizar la educación, sino personalizarla: descubrir los talentos individuales de cada niño y niña, colocar a los y las estudiantes en un entorno en el que quieran aprender y puedan descubrir de forma naturla sus pasiones. La clave está en adoptar los principios fundamentales del Elemento.

Las personas tienen más éxito cuando hay otras que entienden sus talentos, desafíos y habilidades. Por eso, los grandes profesores y profesoras son los que han entendido que su verdadero papel no es enseñar una asignatura, sino instruir a sus alumnos y alumnas. La tutela y el entrenamiento son el pulso vital de un sistema educativo vivo.


Epílogo

Las organizaciones humanas no son en absoluto como mecanismos; están formadas por personas con vida que se rigen por sentimientos, principios y relaciones. Los organigramas nos muestran la jerarquía, pero no captan cómo se siente la organización ni cómo funciona en realidad. No son como los mecanismos; se parecen mucho más a los organismos.

Si descubrimos el Elemento en nosotros/as mismos/as y animamos a las demás personas a que encuentren el suyo, las oportunidades para el crecimiento serán infinitas. Si dejamos de hacwrlo, puede que salgamos a delante, pero nuestra vida será más aburrida

Hemos llegado lejos, pero no lo suficiente. Todavía somos demasiado intolerantes y pensamos demasiado a fondo acerca de nosotros/as mismos/as como individuos y como especie, y muy poco acerca de las consecuencias de nuestras acciones.

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