• Lucía Quiroga

En busca de la felicidad: el equilibrio entre cuatro dimensiones

Es verdad que mucho hablamos y escribimos sobre la felicidad.

La teoría, una vez más, es fácil. Leemos sobre el hoy, aquí y ahora, sobre vivir en el momento, sobre disfrutar de cada minuto, sobre agradarnos y hacer agradable la vida a los demás. Todo muy fácil, como ocurre casi siempre con muchas de las teorías acerca de la condición humana. Entonces, cuando compruebo que poco avanzamos, yo la primera, me pregunto ¿por qué somos personas tan, desgraciadamente, obtusas, inflexibles, mentes solo pensantes que no pasamos a la acción por puro pánico, o quizá demasiado confort en nuestras zonas?


Así es que, en esa tendencia a seguir leyendo, escuchando, mirando, con la total esperanza de que uno de estos días me lanzaré a la acción, os resumo algunas ideas que me han llamado la atención del libro de María y Eugenio de Andrés Rivero, "La pirámide hueca: conciliación de la vida profesional y personal" (Madrid: ESIC, 2006). Os aseguro que por mucho que repito lecturas o ideas parecidas, no me canso porque siempre me aportan una visión diferente, esa que ando buscando y que me lance de una vez por todas a la acción.


Cristóbal Colón decía: “encuentra la felicidad en el trabajo, o no serás feliz”.


La búsqueda de la felicidad es el principal objetivo de todo ser humano. Tenemos que ser capaces de poder elegir la vida que queremos vivir. El trabajo no es un enemigo de la felicidad; el verdadero enemigo de nuestra felicidad somos nosotros mismos.


La felicidad existe, y puede existir para siempre si se trabaja en ella, si se lucha por ella. pero, como todo lo bueno, se consigue con ilusión, esfuerzo y paciencia. Cuando se desea algo, no hay que tener miedo por luchar por ello. Porque el camino no se encuentra, se camina.

La felicidad tiene muchas caras. La felicidad es un objetivo que nunca se consigue plenamente; es un camino del que hay que disfrutar. Pero, tan importante como la actitud, es tener un plan.

Lo que tiene prioridad, debe ser tratado con la importancia que se merece. Se deben resolver primero las cosas importantes, para poder vivir después con las secundarias.





Lo que hace que una persona sea feliz no es la familia, ni el trabajo, sino ella misma.

Trabajemos en la capacidad de ser feliz uno solo consigo mismo. Uno puede vivir feliz solo, sin la necesidad de nadie más. Nosotras mismas somos las únicas personas que podemos ayudarnos. Las respuestas casi siempre están en nuestras manos; solo hay que saber alcanzarlas. Por eso, hay veces que no sirve de nada querer ayudar a la gente.


Muchas personas no se han parado a pensar cómo querían vivir su vida, y ese fue su error. Es necesario salirse del problema para ver la solución. Muchas veces la solución está delante de nuestros ojos; basta con alejarse para poder verla.




Vive tu vida, no dejes que la vida te viva a ti. Reflexiona, escucha a los demás, pero toma tus propias decisiones. Corre el riesgo de equivocarte. Es más, ¡equivócate! Pero no pierdas por ello la ilusión, ni las ganas de luchar porque solo habiendo superado tus propios errores serás capaz de crecer como persona y podrás estar más cerca de alcanzar la felicidad. Esta es la actitud que debes tener ante la vida para poderle hacer frente. No importa cuántas veces te caigas, sino lo rápido que te levantes.

Cuando te dedicas mucho tiempo a alguien, y te entregas de corazón, llega un momento en que tu vida pasa a un segundo plano. Sin darte cuenta, has convertido la vida de los demás en la tuya propia.


Por mucho que a uno le guste una cosa, si le dedica demasiado tiempo, acaba por aborrecerla o aburrirse de ella. Hay que buscar un tiempo para cada cosa.



Y es aquí donde tenemos que atender a las cuatro dimensiones de nuestras vidas; Como todo en la vida, el equilibrio entre todas estas dimensiones es la clave fundamental. Nuestro tiempo es muy valioso, pero es limitado. Si invertimos más de la cuenta en una de las dimensiones, inevitablemente desatenderemos el resto. Podemos pedir que se nos dé más tiempo libre, pero depende únicamente de nosotros la forma de invertirlo.


LA DIMENSIÓN PERSONAL

Tenemos que encontrar actividades que podamos realizar nosotros en solitario, aficiones de las que podamos disfrutar el tiempo que pasamos solos.


LA DIMENSIÓN PROFESIONAL

Después de dormir, trabajar es a la segunda actividad que más tiempo dedicamos en nuestra vida. Por eso es imprescindible encontrar una actividad profesional con la que levantarnos cada mañana no nos suponga un sacrificio. La clave está en nuestra forma de concebir el trabajo. Siempre podemos, por ejemplo, buscar nuevos alicientes, nuevos enfoques con los que enfrentarnos en el día a día, nuevos aspectos que aprender o ser proactivos a la hora de promover cambios que nos satisfagan. Eso sí, no debemos permitir que nuestra dedicación al trabajo nos impida disfrutar del resto de nuestras facetas.

LA DIMENSIÓN DE LA PAREJA

Es importante identificar puntos de encuentro con nuestra pareja para poder avanzar en paralelo. No debemos caer en el error de creer que todo se basa en un aspecto meramente lúdico. Debemos trabajar la empatía con nuestra pareja, ponernos en su lugar, esforzarnos por comprenderla.

LA DIMENSIÓN FAMILIAR/SOCIAL

Tenemos que buscar tiempo para dedicárselo a nuestra familia y amigos. Debemos identificar cuáles pueden ser los vínculos de unión que nos permitan tener experiencias con ellos y disfrutarlas.


Otra vez concluyo que no es tan difícil..., ¿verdad? ¿Probamos aponerlo en práctica?


Imágenes de Pixabay


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