• Lucía Quiroga

De egos y emociones

Hace tiempo que reflexiono sobre el ego, sobre los egos, esas maneras mal entendidas y, muchas veces, muy perjudiciales, de vernos a nosotros/as mismos/as y, en consecuencia, de actuar de modo que el egoísmo y la prepotencia campan a sus anchas. Muchas son las veces en las que los malditos egos rompen relaciones, destrozan equipos de trabajo, alejan a esas que creíamos amistades y nos generan un ambiente tan tóxico que acabamos creyendo que el mundo es hostil, un lugar poco agradable para cultivar esas otras cualidades humanas que son buenas y nos hacen más felices.


Cae en mis manos el libro de Borja Vilaseca, “Encantado de conocerme: comprende tu personalidad a través del eneagrama”, 2019. Y habla, entre otras cosas, de ego, de egos… Así es que rescato algunas ideas para seguir reflexionando y, también, como siempre, para animarnos a pasar a la acción y deshacernos, o controlar, a nuestro ego más maligno.

Introducción

Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento. Cuando cambiamos, de pronto todo empieza a cambiar. Es lo que en todos los tiempos se ha venido llamando el “despertar de la consciencia”.

El ego es una identidad ilusoria que sepulta lo que somos verdaderamente. También es la máscara que hemos ido creando con creencias de segunda mano para adaptarnos al entorno social y económico en el que hemos nacido y nos hemos desarrollado.

Vivir del ego nos lleva a convertirnos en esclavos de nuestras reacciones emocionales y, en consecuencia, de nuestras circunstancias.

Hay muchos caminos para conocerse a uno/a mismo/a y muchas herramientas con las que contar para ello. Una de ellas es el Eneagrana, que es como un mapa de nuestro territorio emocional. El primer autor que la manejó fue el místico armenio-griego George Ivanovich Gurdjieff, fundador durante la primera mitad del siglo XX de un grupo llamado Seekers After Truth.

Este autor explicaba que el Eneagrama representa tres leyes mediante las cuales se rige nuestra existencia:

- El círculo, que simboliza la idea de que todo lo creado forma parte de una misma realidad.

- El triángulo equilátero central, como el hecho de que las cosas no son blancas o negras, sino también grises.

- La hexada, que muestra que el cambio y la evolución son lo único que permanece con el paso del tiempo.

Óscar Ichazo, en la década de 1950, descubrió la conexión entre el Eneagrama y los diferentes tipos de personalidad, relacionados con las principales “pasiones” de la condición humana: ira, soberbia, vanidad,envidia, avaricia, cobardía, gula, lujuria y pereza.

El chileno Claudio Naranjo, a partir de la década de 1970, lo popularizó en Estados Unidos y en Europa, convirtiéndose en la herramienta de psicología práctica que conocemos hoy en día.

Del ego al ser

Cada ser humano es único y diferente, pero todos y todas nacemos de una energía común, materializada mediante nueve cualidades inherentes a nuestra naturaleza (eneatipos): serenidad, humildad, autenticidad, ecuanimidad, desapego, coraje, sobriedad, inocencia y proactividad. Uno de ellas es la que determina nuestra verdadera esencia. Las variaciones entre las personas que tengan un mismo eneatipo dependerán del amor y la estabilidad que experimentaron durante la infancia, así como del condicionamiento sociocultural recibido o la genética, entre otros factores.

Cuanto más amor y estabilidad hayamos recibido en nuestros primeros seis años de vida – o más percibamos haber recibido – menor necesidad habremos tenido de protegernos bajo la falsa identidad del ego.

El Eneagrama divide los nueve eneatipos en tres tríadas: sentimiento, pensamiento e instinto, que representan los tres centros vitales que todos y todas albergamos en nuestro interior: emocional, intelectual y visceral.

La tríada del instinto (centro visceral). Eneatipos 1, 9 y 8

- Eneatipo 1.

. Identificado con el ego. El que quiere ser perfecto: iracundo, crítico, quejica, exigente, dogmático y prepotente.

. Conectado con el ser. Serenidad: íntegro, visionario, elocuente, inspirador, organizado y compasivo.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 7.

- Eneatipo 9.

. Identificado con el ego. El que quiere evitar el conflicto: perezoso, resignado, apático, acomodado, indolente, y procastinador.

. Conectado con el ser. Proactividad: pacífico, armonioso, diplomático, asertivo, sanador y energético.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 3.

- Eneatipo 8.

. Identificado con el ego. El que quiere tener el control: agresivo, dominante, autoritario, beligerante, reactivo y vengativo.

. Conectado con el ser. Inocencia: poderoso, justo, líder, fuerte, tierno y magnánimo.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 2.


La tríada del sentimiento (centro emocional). Eneatipos 2, 3 y 4

- Eneatipo 2.

. Identificado con el ego. El que necesita amor: orgulloso, salvador, dependiente, adulador, chantajeador y entrometido.

. Conectado con el ser. Humildad: amoroso, empático, generoso, altruista, servicial y humanitario.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 4.


- Eneatipo 3.

. Identificado con el ego. El que necesita valoración: vanidoso, falso, narcisista, adicto al trabajo, camaleón y farsante.

. Conectado con el ser. Autenticidad: honesto, valioso, eficiente, resolutivo, admirable, generador de redes.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 6.

- Eneatipo 4.

. Identificado con el ego. El que necesita atención: dramático, egocéntrico, envidioso, desequilibrado, acomplejado y melancólico.

. Conectado con el ser. Ecuanimidad: creativo, original, profundo, sensible, equilibrado e introspectivo.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 1.

La tríada del pensamiento (centro intelectual). Eneatipos 5, 6 y 7

- Eneatipo 5.

. Identificado con el ego. El que teme expresar sentimientos: distante, indiferente, aislado, cínico, hermético e hiperracional.

. Conectado con el ser. Desapego: comprensivo, sabio, objetivo, inteligente, curioso e innovador.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 8.

- Eneatipo 6.

. Identificado con el ego. El que teme tomar decisiones: miedoso, cobarde, dubitativo, preocupado, ansioso y pesimista.

. Conectado con el ser. Coraje: valiente, leal, noble, fiel, confiable y seguro.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 9.

- Eneatipo 7.

. Identificado con el ego. El que teme sufrir: glotón, disperso, evasivo, insaciable, hiperactivo y acelerado.

. Conectado con el ser. Sobriedad: alegre, feliz, divertido, presente, agradecido y abundante.

Para desidentificarse del ego, le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos del eneatipo 5.

El viaje interior

La sabiduría consiste en aprender a aceptar nuestro destino; la ignorancia, en lamentarse, quejarnos y hacernos víctimas de lo sucedido. La actitud que tomamos frente a lo que nos pasa es lo único que depende por completo de nosotros/as. Por tanto, nuestro bienestar o malestar interno es una consecuencia de cómo interpretamos lo que nos sucede. Una vez que el acontecimiento ha tenido lugar, la respuesta emocional que adoptamos depende exclusivamente de nosotros/as.

La aceptación no implica estar de acuerdo, conformarse, resignarse o someterse. Aceptar significa comprender a partir del ser, dejando de reaccionar, juzgar, luchar y entrar en conflicto desde el ego.

Transformarse a través del pensamiento.

Herman Hesse dijo que “la verdadera profesión de las personas es encontrar el camino hacia sí mismas”.


Más allá del autoengaño, sabemos que sin paz ni equilibrio, nada de lo que hagamos en la vida será sostenible y carecerá por completo de sentido.


Al abandonar la denominada “autoestima del sabelotodo”, por la que basamos nuestro valor como personas en contar siempre con las respuestas correctas, dejamos de ponernos a la defensiva cada vez que escuchamos información nueva y desconocida. El acto de humildad que implica afirmar “ yo no sé” nos lleva a basar nuestra autoestima en querer aprender, convirtiéndonos en verdaderos escépticos y explorando personalmente lo que desconocemos para descubrir lo que no sabemos.


No sería descabellado decir que Sócrates (470 a.C-399 a.C), mediante su método mayéutico, fue uno de los primeros coaches. Su filosofía era simple, pero su impacto, muy profundo. Se dedicaba a hacer las preguntas pertinentes en el momento oportuno, permitiendo que su interlocutor/a descubriera la solución que estaba buscando por sí mismo/a.

La vida como aprendizaje.

La felicidad no tiene ninguna causa; más bien, es una consecuencia.

Todo lo creado, absolutamente todo, está en permanente estado de evolución, incluyendo la especie humana. Para que los cambios se materialicen, es imprescindible que ocurran ciertos hechos o acontecimientos, los cuales pueden ser vistos como problemas o como oportunidades de aprendizaje. Para la naturaleza, nada ocurre en balde, todo es necesario.

Pero no vemos el mundo como es, sino como somos nosotros/as. Por eso es muy importante centrarnos en nuestra realidad, es decir, en lo que sucede donde podemos actuar en el momento presente. Ya lo decía Epicteto: “concededme la serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar (realidad externa o círculo de preocupación), el coraje para cambiar lo que sí puedo (realidad interna o círculo de influencia) y la sabiduría para establecer la diferencia”.

Nuestra personalidad. Aceptación y libertad.

Hemos de saber cuáles son las creencias que gobiernan inconscientemente nuestra vida. Hemos de comprender de qué manera nos esclaviza nuestro modelo mental, para comenzar a ser dueños/as de su funcionamiento. En eso consiste vivir “despierto/a”.

La transformación de nuestra estructura mental depende de nuestra capacidad de esfuerzo y disciplina. Nuestro mayor obstáculo para ser felices somos nosotros/as mismos/as porque la auténtica batalla siempre se lucha en nuestro interior, donde convergen dos fuerzas totalmente opuestas: el amor y el miedo.

La causa del conflicto entre dos personas se encuentra en que cada una de ellas es víctima de su percepción subjetiva de la realidad. Por eso, es tan importante intentar comprender y aceptar a la otra persona, en lugar de querer que nos comprendan y acepten a nosotros/as primero.

Imágenes de pixabay

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