• Lucía Quiroga

Teletrabajo: ¿quién te va a creer si no te lo crees tú?

Después de dos meses de confinamiento, parecía que la normalidad de quedarse en casa, entre otras cosas, teletrabajando, empezaba a ser asumida por nosotros mismos, por nuestras organizaciones y/o empresas y hasta por la misma sociedad, que tanto desconfiaba y desconfía del personal que trabaja, o teletrabaja, al servicio de las administraciones públicas.


Pero solo lo parecía... Ahora, en estos momentos en los que las rígidas normas de entradas y salidas, de idas y venidas a nuestros centros de trabajo están empezando a suavizarse, a ampliarse, ¿a relajarse, diria yo?... Ahora, es cuando de verdad vamos a ver si hemos aprendido algo y somos capaces de analizar qué y cómo hemos estado ejerciendo las funciones propias de nuestros puestos de trabajo sin haber acudido presencialmente a nuestras oficinas.


Ya lo comentaba en el webinar que ofrecí en la serie "Empieza el día con el IAAP": "la primera persona que tienes que creértelo, eres tú. Estás en casa, sí, pero estás trabajando".


Esta verdad de perogrullo no lo es tanto cuando escuchas, empiezas a escuchar y a leer algunas opiniones sobre qué va a pasar a partir de ahora con el teletrabajo. Entro en modo pánico en estos últimos días donde, incluso algunos sindicatos, empiezan a confundir teletrabajo con "explotación obrera".


Nadie dijo nunca, que yo sepa, que el teletrabajo era fácil de implantar. Tampoco se dijo que el teletrabajo era "café con leche para todos y todas". Y, por supuesto, nunca se había planteado implantar el teletrabajo sin una buena planificación, formación, revisión de objetivos en las organizaciones, prevención de riesgos laborales y seguridad de la información en general y de los datos en particular. ¡Nadie dijo nada de esto, que yo sepa! Entonces..., ¿por qué ahora se está temiendo otra vez al teletrabajo como si de un maldito COVID-19 se tratase? ¿Por que´?


Hay muchas respuestas que se me ocurren y ya irán saliendo cuando tengamos que volver a "calentar sillas", en aquellas organizaciones que no hayan aprendido ninguna lección. Pero la primera respuesta que se me viene a la cabeza es otra pregunta: ¿nos creemos, de verdad, que estamos trabajando?, o, por el contrario, ¿estamos todo el día justificando hasta la saciedad qué hacemos y qué no hacemos por estar en casa?


Creo que estamos perdiendo una gran oportunidad de avanzar en nuestras organizaciones, de cambiar la manera en que veníamos haciendo las cosas, de mejorar muchos aspectos de nuestras vidas que redundan en una mayor satisfacción en todos los ámbitos, incluído el de nuestros trabajos.

Pero estamos perdiendo, o confundiendo, el foco. No caigamos en la simpleza de pensar que el teletrabajo lo único que hace es fomentar la conciliación porque si hacemos esto, volveremos a la casilla de salida, volveremos a generar esa desconfianza que se palpa en la sociedad hacia las personas que trabajan en lo público, "esas que cuando van a sus oficinas, fichan arañando minutos al día, toman cafés de más de media hora y trabajan lo justito..." (es lo que se suele oir de nosotros y nosotras, en boca del resto de la sociedad).


Tenemos que poner el foco en los servicios públicos que la cidadanía espera, en esos servicios públicos que estamos obligados a dar de manera excelente. Nunca se dijo tampoco, ¿o sí?, que para ofrecer y dar esos servicios tuviéramos que hacerlo obligatoriamente sentados en una silla ubicada en un edificio administrativo, ¿a que no?


Que nadie nos confunda. Hemos demostrado en estos dos meses que somos capaces de trabajar si calentar sillas, sin acudir presencialmente a nuestros centros de trabajo. Otra cosa bien distinta es que no hay necesidad de esperar a ningún virus para, a partir de nuestra vuelta a la normalidad, hacer las cosas de manera ordenada y planificada. Que nadie nos diga ahora que el teletrabajo es una quimera, un modo de quedarse en casa y escaquearse. Que nadie nos lo diga, pero ¿tú qué te dices? Porque si tú no te lo crees, nadie te creerá y volveremos a estar donde hace dos meses una maldito bicho llamó a nuestras puertas y nos obligó a quedarnos en casa... eso sí ¡trabajando! No te olvides.



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