• Lucía Quiroga

Soñando con libros. ¡Feliz Día del Libro 2022!

Hoy estoy segura, segurísima de que nací con un libro en la mano. Tengo recuerdos de cuando tenía menos de tres años y mi madre y mi padre me llevaban a lo que hoy sería, supongo, algo parecido a una escuela de preinfantil. Lo que pasa en que en esos años de 1968, más o menos, eso no existía. Así es que como mi padre trabajaba fuera de casa y mi madre trabajaba dentro y fuera de casa, pues a mí me llevaban cada mañana al “cole”, ese cole que consistía en ir a un piso donde una mujer, mi querida “señorita” me enseñaba todas esas cosas que ya, desde los tres años yo quería aprender.


Y allá iba yo, lo recuerdo perfectamente, con mi cartera de los Telerines, azul, y ¡tan bonita me parecía!, y con mi cuaderno para empezar a aprender a leer y a escribir. Y siempre, siempre, con un libro de cuentos. Al principio eran de muy pocas páginas, os diría que casi no llegaban a las ocho páginas y, encima, tenían la forma del libro de cuentos, osea que no eran libros rectangulares, o cuadrados, eran libros con esa forma de árbol, o no sé de qué forma eran, pero se abrían buscando casi la historia que te ibas a encontrar dentro.


Creo que eso marcó mi profundo idilio y amor verdadero con los libros. Nada hay que me complazca más que abrir un libro y oler su perfume. Eso, lo primero. Después, acaricio sus páginas porque sé que detrás hay un montón de dedicación y de cariño que alguien ha decidido entregarnos. Y no, claro que no vale cualquier libro. Pero todas las personas son libres de intentarlo y de hacerlo, incluso, eso de escribir un libro. Otra cosa es que cuando llegue a las personas que los leemos consiga embriagarnos con su olor, con su tacto y con su mensaje, ese que, da igual que sea rectangular, cuadrado o en forma de árbol, ese que nunca, cuando lo lees, se te olvida jamás…

¡Feliz Día del Libro!

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