• Lucía Quiroga

Otra Administración Pública es posible. Cuando no se pierde la ilusión

A veces, cuando una empieza a pensar que ya, con los años, las ilusiones se van esfumando, las ganas de seguir “luchando” van mermando, entonces, en esos momentos, es cuando aparecen noticias que, una vez más, te crees, porque quieres creértelas, y vuelve la ilusión a su punto más álgido. Este es mi devenir en la Administración Pública y el devenir que le deseo a todas las personas, excelentes personas la mayoría, que trabajamos en esta gran empresa, la que existe para dar un excelente servicio a la ciudadanía, que es su razón de ser.

El viernes 4 de octubre, el Presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, anunció que “el Gobierno andaluz se ha propuesto dar cabida en la labor gerencial a la figura del directivo público* (corrijo estilo de género: “figura de la persona directiva publica”), regulando su estatuto jurídico en la futura Ley de Función Pública. Una iniciativa que se llevará a cabo desde un enfoque fundamentado en su profesionalización y en una selección basada en su competencia, atendiendo a aspectos como la especialización, la eficacia o la orientación a resultados”. Me quedo con este primer titular, si bien, la noticia continúa especificando esta figura en un “project manager”. Prefiero quedarme con que esas características y/o competencias reseñadas van a ser aplicables a cualquier persona directiva pública en nuestra administración.

Tres días después, el Instituto Andaluz de Administración Pública, de la Junta de Andalucía, anuncia la celebración del I Congreso “Retos en la Organización y Gestión del Personal al Servicio de la Administración Pública”, los próximos 26, 27 y 28 de noviembre, en Sevilla. En su programa incluyen ponencias y charlas sobre personas (no me gusta el término "Recursos Humanos”) y su gestión en las Administraciones Públicas, sobre una nueva Ley de Función Pública Andaluza, sobre nuevas formas y retos de organización del trabajo, sobre la gestión del talento y sobre la transformación de la dirección pública.

Me quedo con la importancia de que todos estos temas, siempre en boca de todas las personas que trabajamos en las administraciones públicas, pero nunca aterrizadas y mucho menos plasmadas en planes concretos, con acciones concretas a corto, medio y largo plazo, al menos se den cita durante tres días en un entorno en el que seguro se sacarán muchas conclusiones.


Y aquí vuelve, de nuevo, la ilusión, esa que, a veces, una cree haber perdido y ya hasta le cuesta transmitir a las personas que trabajan, que trabajamos en esta organización, con la esperanza de que si tenemos a las mejores personas en los puestos directivos, a las más competentes y capacitadas; si tenemos la sensibilidad para no perder de vista que las personas son el centro de nuestra organización; si valoramos el talento, sobre todo el escondido, ese que no se atreve a salir porque ya se ha llevado muchas decepciones; si conseguimos trabajar por objetivos, orientarnos a resultados, que se traducen en servicios públicos excelentes… Si conseguimos, por lo menos, empezar a hacer en lugar de tanto pensar o hablar, entonces, creo que será fácil, muy fácil volver a rescatar esa ilusión necesaria para desarrollar todo el potencial que llevan dentro las personas que trabajan en la Administración Pública, en general y en la Junta de Andalucía, en particular. * (Corrijo estilo de género: “figura de la persona directiva publica”)

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